lunes, 24 de septiembre de 2007

Yves Klein

Sebastián Scalona

Klein nació en 1928 en Cagues-sur-Mer, en el seno de una familia vinculada al arte. Fred Klein, su padre, era pintor figurativo y su madre, Marie Raymond, era pintora abstracta vinculada a la tradición de la Escuela de París.

La influencia de su intensa vinculación con la filosofía y la práctica del arte marcial Judo, lo llevó a estudiar durante 15 meses en un prestigioso Instituto de Tokio que estaba profundamente influido por la filosofía Zen y aboga por la comunión entre mente y cuerpo, por la plena armonía con la existencia, por el desarrollo de la perceptividad y la búsqueda de un estado de vacío.

Por otra parte, Klein siempre tuvo un gran interés por las enseñanzas místicas cristianas. Su fuerte afinidad por lo ritual y cuestiones relativas a la inmaterialidad y el vacío perduró en él a lo largo de toda su vida y en el corto periodo en el cual desarrolla su obra. Falleció a la temprana edad de 34 años, se cuenta entre los artistas mas relevantes del siglo XX y realizó toda su producción artística en el breve lapso de siete años.

Yves Klein, en los comienzos de su experiencia pictorica estabilizo el efecto cromatico del pigmento puro mediante las monocromias en los diferentes colores, su pretencion era que cada cuadro debia irradiar una intensidad que sensibilizara al espectador, en 1955 encontró una solución practicable en un nuevo proceso químico que se bautizo por aquel entonces con el nombre de “rhodopas” que al aplicarlo diluido se mantenia la fuerza luminosa del color, creando en el ojo una especie de sobreimpresión definida por el como la energia pura del color. Mas tarde klein renuncio a continuar estudiando los matices cromáticos y se centro únicamente en un solo color: el azul.

En 1956 encontro la solución y desarrollo un azul ultramar intenso y brillante. Para conseguir el color experimentó con la ayuda de un químico farmacéutico que finalmente lo llevo a encontrar un tono pictórico que todo lo impregna, la dimensión del color que el artista había logrado era de forma unica y provocaba en el espectador la extraña sensación espacial entre distancia y proximidad. A esto se une el hecho de que Yves klein monta concientemente los cuadros con una separación de la pared de hasta unos veinte centímetros, de esta forma el cuadro provoca una fuerte sensación de ingravidez e indeterminación espacial.

A todo este proceso e intenso color azul le llamo “IKB” (Internacional Klein Blue) y posteriormente utilizo la marca registrada para asegurar la originalidad del nuevo material.



Yves Klein, en calidad de pintor de este espacio cósmico, aspiraba a un espacio sin límites, “para pintar en el espacio tengo que situarme en el lugar preciso, en ese mismo espacio”, desde aquí con esta premisa Klein comenzó a elaborar un imaginario que respondía a la capacidad del artista de dominar el cosmos.

La temática que sustenta la obra de Klein gira entorno al concepto de vacío, inmaterialidad y el poder que posee el artista de ir mas allá de los limites establecidos por la realidad a través de el dominio de la imagen que lleva al espectador a conectarse con otros espacios, contextos, a experimentar experiencias que trasciendan los limites de la condición humana.


Posteriormente la exposición “le vide” (el vacío). El artista eligió para su demostración el espacio público de una galería de arte en la cual el panorama que se veía a través de sus ventanas era el obelisco ubicado en la Place de la Concorde en la ciudad de Paris. La tarde de la inauguración el obelisco símbolo visible para todo el mundo se ilumino del tono azul de Klein como un símbolo mágico del pasado, el pedestal debía permanecer en la oscuridad máxima para que desde esa perspectiva el monumento se elevara ingrávido sobre el Paris nocturno, simbolizando el ritual de entrada a otra dimensión.

Con el salto en el vacío, llamado por Klein el hombre en el espacio, el pintor del espacio se arroja al vacío, fotografiado por Harry Shunk en 1960 en la pequeña calle Rue Gentil-Bernard en Fontena-aux-Roses, a las afueras de Paris.



En el año 1957 se lanzo al espacio el “sputnik” el primer satélite puesto en órbita, parecía como si la astronáutica invalidara las leyes físicas y el destino fatal del hombre de ser mas pesado que el aire. Ante ese hecho la inspiración artística de Klein para la representación de un hombre volando en el espacio, un año antes que se lanzara la primera nave espacial tripulada adquiere un significado conceptual y simbólico completamente fuerte.

Posteriormente experimento en la música en base a los mismos conceptos de monotonía y especialidad, con la llamada “sinfonía monótona”

Su intrincada personalidad, que fluctuaba entre la extrema concentración y la total ausencia de límites, se refleja en su trabajo en el que monocromía y figuración, o espiritualidad y teatralidad, no se plantean como antítesis sino que, más bien al contrario, contribuyen a la finalidad suprema de Klein: abarcar la vida y superar los limites de esta a través del arte.

La obra de Klein se vincula con la mía respecto a la superación de limites a través del dominio de la visualidad, para lograr conseguir que el espectador presencie hechos ficticios que lo conecten con espacios irreales, para situar al arte justamente allí, donde los limites de la percepción son dominados por el artista y se hacen difusos a través de las facultades sensoriales donde el espectador es forzado a estar en presencia de un engaño, por ejemplo, el ejercicio realizado en la sala de clases donde la escena instalada bajo un foco de luz cenital muestra a un personaje que luego de ejercicios preparativos se eleva lentamente venciendo la fuerza de gravedad y luego cae sobre una superficie de color negro, esta obra está íntimamente vinculada con la obra de Klein en la cual se muestra al artista que a través de una contemplación meditativa libera al globo de la sujeción de sus dos polos duales y le hace levitar mediante la energía de la concentración. Es el ejercicio del artista como ilusionista y la necesidad de proyectarse en espacios y situaciones inexistentes.

El propósito de producir distancia respecto al sitio de los hechos para limitar antecedentes de la imagen en el ejercicio de levitación y en la muestra le vide de Klein no tiene otro motivo que acudir a un evento efectista desde un campo controlado por el artista y desde ahí sufrir el ineludible proceso de inmersión en la escena, para así proyectarse y transportarse dentro del espacio alterado.

De la misma manera el fotomontaje que muestra mi presencia en la cabina de una nave espacial en el año 1960 y el salto al vacío de Klein (hombre en el espacio) que a través de un efecto fotográfico se puede llegar a la ficción de conquistar el espacio. Son escenas de un aspecto insólito que superan las certezas razonables y permanecen en zonas ocultas y marginales.

Lectura complementaria: Saltar al vacío





1 comentario:

laura noname dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=bBc8Oh4kA2U