martes, 23 de octubre de 2007

Nam June Paik

http://www.uclm.es/artesonoro/paik/index.html

Pablo Mancini


Nam June Paik, el “padre del videoarte”

Hay un nuevo videoarte en la Internet. Las diferentes formas de arte están mezclándose: vídeo y literatura, gráficos y música. La Internet hace posible una nueva forma de arte: el net art - Nam June Paik

Nam June Paik, conocido como el “padre del videoarte”, murió el domingo pasado en Miami, a los 73 años. Fue uno de los artistas del siglo pasado que expresó en la década del sesenta la transformación emergente de la cultura ante las nuevas tecnologías electrónicas.

Su campo creativo no se limitó al estético y problematizó sobre la percepción y la desproporción sensorial provocada por las extensiones tecnológicas.

Decidido a ser protagonista de la producción audiovisual contemporánea, experimentando caminos alternativos de exploración televisiva, a mediados de los sesenta, Paik se agenció de una de las primeras cámaras de video portátiles: “La televisión nos ha atacado durante toda la vida, es hora de que devolvamos el golpe”, declaraba el artista. “Ahora haremos nuestra propia televisión”. Al poco tiempo exhibía en Estocolmo varios televisores formando una instalación…

Nam June Paik nació en Seúl y a los 18 años huyó a Tokio tras el inicio de la guerra de Corea. Estudió estética occidental, música y arte.

Cuestionando el arte como actividad meramente profesional y al concepto de belleza, Paik integró el movimiento Fluxus, fundado por George Maciunas. Esas preocupaciones artísticas de Paik eran también las del movimiento -del que, entre otros, participaron Wolf Vostell, Joseph Beuys, Alan Kaprow, John Cage y Yoko Ono- que buscaba un dejar fluir de la vida cotidiana para resignificarla como obra de arte.

En 1963, expone en la galería Parnass, de Wuppertal, su primera pieza con monitores de televisión, «Exposition of Musik / Electronic Television» y, poco después, se traslada a Nueva York, donde realizará su primera exposición individual, «Electronic art». En 1965, compuesta por 12 televisores en silencio, muestra su instalación «La luna es la televisión más antigua» que consistía en mostrar en cada pantalla una fase lunar distinta. Pero lo interesante fue que en su plan de vanguardia, de poner en crisis las categorías canónicas del arte, lo que proyectaba no eran imágenes captadas de la luna sino de manipulaciones del tubo de rayos catódicos mediante un imán.

La exploración tecnológica en arte lo llevó combinar “múltiples pantallas, torres de sonido y cuantas posibilidades le ofrecía la ciencia. Dicen que su estudio parecía un taller de reparaciones electrónicas que lleva tres meses de retraso con los pedidos, pero cuando sus ideas se plasmaban en las instalaciones, se respiraba arte”.

En todos los casos, el arte de Paik buscó la experiencia y la reapropiación, el happening y el pensamiento - acción.

Avizorando lo que hoy se conoce como NetArt, como un ejercicio de anticipación cultural, en la década del ochenta Paik fue uno de los primeros artistas en utilizar satélites en performances de alcance mundial. Al respecto, comentaba: “Eso fue un gran suceso. Yo estaba trabajando con muchas estrellas, como David Bowie y Peter Gabriel. Fue excitante. Organizarlo fue la parte difícil. En ese momento eran las Olimpíadas en Corea, así que había algo de dinero disponible desde los sistemas de transmisión, así que pudimos hacerlo. Y teníamos amigos en todas las otras estaciones de TV, como Mandfred Eichel de la WDR. Todos esos contactos me ayudaron muchísimo. Los satélites se usaban en las artes aplicadas, pero no para ‘el arte elevado’ [high art]. Yo quería usarlos en arte, y ver qué podía hacer con ellos como artista. Quería crear arte con materiales nuevos. Quería trabajar con el elemento temporal de las artes populares, el ritmo, que es tan importante en videoarte. También los satélites eran usados por los militares, y yo quería usarlos para propósitos pacifistas: performances, danza, música, videoarte…”

Quizá no es casual que se le atribuya ser el primero en utilizar el termino de “Sociedad de la información“, porque en sus declaraciones advierte los procesos simbólicos contemporáneos sin alejarse de la democratización expresiva para pensar las nuevas tecnologías: “Sí. El sintetizador de vídeo fue de algún modo el comienzo de Internet… Porque daba la posibilidad de crear contenido mediático [media content] por uno mismo, como se puede hacer ahora con Internet. Es muy importante hacer media uno mismo. Ahora con las PC e Internet tenemos mejores chances de hacer algo y ya se está hablando de un híbrido, mitad computadora y mitad TV, que puede recibir unos cuantos cientos de estaciones de TV. Si eso sucede, pronto podré comprar mi propia licencia de estación de TV y emitir mi vídeo arte desde una súper computadora a través de esa estación todos los días”, explicaba Paik en una entrevista con Tilman Baumgärtel en 2001. En quella ocasión, advertía: “Creo que necesitamos imágenes en movimiento en Internet que sean más grandes y de buena calidad y en tiempo real. Ahora tenemos imágenes muy pequeñas que tardan 15 minutos en bajar. Creo que una vez que la fibra óptica vaya alrededor del mundo tendremos imágenes en movimiento muy pronto, y entonces la Internet será más excitante?” (…) “Creo que la Internet es muy importante para el arte. Hay un nuevo videoarte en la Internet. Las diferentes formas de arte están mezclándose: vídeo y literatura, gráficos y música. La Internet hace posible una nueva forma de arte: el net art”.

Nam June Paik, de la fantasía a la realidad

En una entrevista realizada en Alemania durante 1990, Nam June Paik (Seúl 1932-Miami 2006) insistió en que, al editarla, no se omitiera su constancia de que el país era entonces mucho menos hospitalario que al final de la década de los cincuenta, cuando llegó huyendo de la guerra en Corea con su mujer, la artista Shigeko Kubota, a la que recientemente le habían negado el visado.
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Cuando en los años 60 Paik se trasladó a Nueva York, siguió conservando su puesto docente en Dusseldorf, gracias a lo que hasta mediados los 70 se permitió llevar una vida modesta, prácticamente apartado del mercado artístico, mientras le invitaban a festivales de música y vídeo y trabajaba en proyectos xperimentales para televisión. Nómada, con el paso del tiempo Paik llegó a verse reclamado como un artista alemán, bajo cuya bandera le fue concedido el León de Oro de la Bienal de Venecia; como estadounidense, con la retrospectiva que le dedicó el Museo Whitney de Arte Norteamericano; y finalmente, coreano, cuando montó una pirámide gigante de monitores y un espectáculo de televisión con ocasión de los JJ.OO. en Seúl.

Pionero en la indagación de nuevos medios, del vídeo a la televisión por cable, esta fantástica exposición evidencia que la trayectoria de Paik es tan inseparable de su reflexión sobre la globalización como ineludible, al afrontar su trabajo, es su hibridación entre el pensamiento occidental y su originaria formación oriental. La oportunidad de esta peculiar revisión de uno de los grandes del arte contemporáneo no puede ser mayor, cuando nuestra cartelera de exposiciones se ve inundada de fronteras, migraciones y descubrimientos de viejos y jóvenes artistas de las más recónditas nacionalidades excluidos del territorio artístico hasta hace muy poco.

Sin embargo, la constatación de que las referencias a la filosofía zen, el ying y el yang, las doctrinas chamánicas, y los conceptos de azar e inevitabilidad del destino se hallan inscritas en el trabajo de Paik desde que abandonara su actitud iconoclasta destrozando pianos y televisores en sus performances de la primera época fluxus, no debe llevar a acentuar el localismo del artista coreano. Siempre que tuvo oportunidad, Paik se declaró antinacionalista y antipatriota. De manera que terminó teniendo que ver más con las enseñanzas de John Cage y el chamanismo de Joseph Beuys que con el respeto a los maestros del pensamiento oriental. De entre las setenta piezas pertenecientes a colecciones coreanas, pueden distinguirse cuatro grupos bien diferenciados, todos con piezas ejemplares en su trayectoria. Así, se ha traído el papel continuo sobre el que Paik en 1962, en el Fluxus Internationale Festspiele Neuester Musik de Wiesbaden, pintó con su cabeza a modo de gran brocha, Zen for Head.Y también de esta primera época Zen para TV (1963), en donde gracias a manipulaciones en el aparato sólo una línea transcurre a lo largo de la pantalla, un clásico de la historia del origen del videoarte. Poco más tarde sentenciaría: "El tubo de rayos catódicos reemplazará al lienzo. Algún día los artistas trabajarán con capacitadotes, resistores y semiconductores, de la misma manera que hoy trabajan con pinceles, violines o chatarra".

Paik, a quien se le considera también el primer videoartista, compartió el rechazo de la primera generación de creadores que tuvo que convivir con la caja tonta.Tras el lanzamiento de Sony del primer equipo portátil de vídeo, el portapek, en 1968, inventó junto con Shuya Abe el primer videosintetizador.

Pero otra pieza clásica como TV Buda (1974), en donde la figura es captada y emitida en tiempo real en el monitor, contemplándose a sí misma, indica de nuevo el énfasis en la simplicidad del concepto. Contemporáneamente, también realizó una versión paralela, a la manera occidental,con El pensador de Rodin. Lo característico de Nam June Paik fue exprimir la dualidad complementaria. Oriente y occidente, pero también simplicidad y complejidad, meditación y velocidad, precariedad y sofisticación, nostalgia y futurismo, y siempre sazonado con un gran sentido del humor. Las piezas de los ochenta referidas a la cultura coreana se inspiran en personajes mítico-históricos sometidos a un bricolage de chatarrería como torpes robots compuestos por viejas radios, consolas y otros cachivaches eléctricos. Pero tampoco faltan aquí grandes instalaciones de monitores de los noventa - algunas, en la exposición en el Guggenheim de Bilbao en 2001- como una de sus tortugas silueteada con tubos fluorescentes y el Dolmen en el que la imagen descompuesta de un gigantesco Buda se alterna a toda velocidad con el material heterogéneo de la cultura de masas que Nam June Paik pretendió subvertir, precisamente abrazándola y defendiendo la capacitad participativa de los media.

La amalgama de música y baile en su vídeo Global Groove (1973), en donde hacía un guiño a la aldea de McLuhan, anticipaba el zaping del futuro "cuando podréis sintonizar cualquier cadena de televisión del planeta y las guías televisivas serán tan extensas como el listín telefónico de Manhattan". La emisión en directo vía satélite de Good Morning Mr. Orwell (1984) alcanzó sólo en una noche diez millones de espectadores. Su récord lo estableció con el programa Wrap around the World (1988), con cincuenta millones de espectadores atentos a las contribuciones en directo de más de diez países. Nam June Paik, que se autodefinía como terrorista estético,emuló a los monarcas Guillermo II y Luis XIV en una sola frase: "¡El peligro amarillo! soy yo".






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