martes, 6 de noviembre de 2007

Las artes mediáticas hoy

Introducción al Concepto de Arte en Red y sus Principales Tendencias

Hasta hace poco tiempo, el término arte en internet (o net-art) se consideraba simplemente hacer copias de obras pictóricas, digitalizarlas, y lanzarlas al ciberespacio. De hecho, hasta el año pasado, una búsqueda con el término net-art en Altavista reconducía sólo a grandes catálogos de arte clásico, exhibiciones virtuales de grandes museos, u obras de nuevos artistas que trabajan con medios tradicionales y escaneaban sus cuadros para darse a conocer.

Una segunda lectura del término, algo más interesante, implicaría aquellos artistas que utilizan el computador para componer sus obras. Así, además de una herramienta para el diseño, programas como Photoshop, 3D Studio u otros podían convertirse en instrumentos de arte. Es fácil contemplar estas dos primeras concepciones en multitud de websites dedicados al almacenamiento masivo de imágenes artísticas digitalizadas, tan típicas que hasta se alojan en direcciones similares: art, art on the web o art on net , esta última dedicada especialmente a galerías dónde se puede adquirir arte.

Sin embargo, este tipo de arte no puede ser considerado aún net-art. Desde luego, Internet favorece a los dos tipos de arte considerados hasta ahora, para exponer las obras a un público mucho más amplio, pero lo cierto es que la Red no es imprescindible para ellos. Las obras generadas mediante Photoshop pueden grabarse en un CD, sin que Internet sea imprescindible para el visionado. De hecho, una parte importante del arte digital que actualmente se encuentra en el ciberespacio, es también localizable en CD-ROMs que pueden adquirirse a la manera clásica, en tiendas, de forma que se puede contemplar sin estar conectado. Así, el uso de plug-ins como shockwave para poder cargar desde la red programas en Director (probablemente el programa más popular actualmente para crear CD-ROMs interactivos) no es por sí mismo, una forma de net-art, aunque amplía en mucho el concepto tradicional de arte, ya que permite un nivel muy alto de interactividad con el usuario, y facilita la creación por parte del mismo usuario, de obras de arte personalizadas.

El ejemplo más claro es un proyecto de novela interactiva desarrollada desde la Universidad de Pennsylvania (http://www.upenn.edu/). Entre los clásicos, está sin duda la página de la celebérrima artista Laurie Anderson, The Green Room. También vale la pena visitar los diseños del grupo backspace , que también son autores de la famosa página para levi's y la obra interactiva de Paul Marquardt. De todas formas, el Net-art es (o debería ser) algo más: un principio básico de la estética consiste en la interacción clara entre forma y contenido. Cuanto más compenetrados estén entre sí, más creativa y sugerente será una obra de arte. Así, el material pictórico obliga a estructurar la forma siguiendo unos patrones determinados. Esos patrones deberían ser diferentes para otros materiales. Por ejemplo, no tiene sentido usar un ordenador para imitar el estilo de la pintura al óleo. Para ello ya existe la pintura al óleo.

Lo mismo sucede con el net-art. Aunque sin duda está bien utilizar la Red para dar a conocer nuestras obras, el uso de Internet no debería pararse ahí. Ni tampoco se acaba todo en el shockwave. La idea es: hagamos un tipo de arte, el net-art, que utilice al máximo las prestaciones de la Red y que no tenga sentido fuera de ésta.

Afortunadamente, unos cuantos artistas han hecho suya esta idea y han empezado a trabajar sobre este concepto. Actualmente, existen cientos de artistas que elaboran ceros y unos para darnos sensaciones. Aunque las clasificaciones son siempre tramposas y, en el fondo, enmascaran la realidad, nos ha parecido interesante agrupar en las siguientes escuelas, las principales manifestaciones de net-art.

Oriente: La Red del Yo Colectivo

Una primera línea de demarcación podría ser las diferencias filosóficas entre Oriente y Occidente. Según el artista japonés Shin-Ichi Takemura, Occidente se ha caracterizado por un concepto del yo terriblemente individualista, mientras que Oriente se define más bien por una fuerte tendencia al yo colectivo. El resultado, a nivel concreto del net-art, es que las obras orientales explotan sobre todo la idea del ciberespacio como espacio colectivo en el que las voluntades se funden. En palabras de propio Takemura: "Multimedia no es una cuestión de tecnología, sino de cómo experimentamos el mundo. Es una cuestión de cómo diseñar las comunicaciones con los demás en nuestro ambiente. Es una cuestión de la creación de un patrón de información, que se edita a través de nuestras interacciones".

En esta línea de hacer arte, el concepto clave es el de sensorio: Internet como un espacio sensitivo común en el que se transmite, recibe y transduce la información. Así, tenemos websites en los que el número de conectados a Internet se traduce a gráficos; el calor de la tierra medido por un satélite se transforma en sonido... Las posibilidades son ilimitadas. Un ejemplo excelente de este concepto es la página del proyecto sensorium del propio Takemura. De hecho, Takemura y sus colaboradores, gracias a sensorium, ganaron el año pasado el premio de net-art del festival Ars Electronica de Linz (Austria), actualmente el premio más prestigioso de net-art.

De todas formas, no sólo Oriente se siente cómodo dentro de este concepto. En nuestro estilo de vida occidental destaca sin duda un artista como el australiano Stelarc, obsesionado por la idea del control del todo sobre el individuo, y de la mezcla entre lo biológico y lo tecnológico. Stellarc dio el salto al sensorio colectivo cuando se conectó unos electrodos a sus músculos que le hacían moverse espontáneamente. En un primer asalto, voluntarios controlaban los extraños movimientos de Stellarc mediante joysticks, pero poco después dio un paso conceptual importante: conectó los electrodos al ciberespacio y permitió que los diferentes niveles de conexión en diversas zonas mundiales fueran los activadores o inhibidores de movimientos. Stellarc se convierte en esos momentos de performance en una especie de interface humana que representa la Web: Occidente y Oriente se encuentran en el individuo que representa la Red.

El mismo Stellarc ha anunciado un siguiente proyecto de instalarse una tercera oreja artificial, y sus pasos son también seguidos por gente como Eduardo Kac, que el pasado noviembre se instaló un dispositivo detector en su propio cuerpo mediante cirugía. También podemos citar, en esta breve sección de tecno-masoquismo, a Orlan, la artista que reconfigura su cara en complejas operaciones quirúrgicas para parecer una mezcla de estilos clásicos de pintura.

El CD-ROM virtual

Entrando ya de pleno en el mundo occidental, podríamos comentar en primer lugar la línea menos arriesgada y neutra. En síntesis, se trata de traducir el CD-ROM artístico a HTML. Aprovechando las similitudes de la navegación en un CD-ROM y en Internet, muchos artistas que ya trabajaban en esta primera línea, han encontrado relativamente fácil pasar de un medio al otro. Los resultados a veces son pobres, pero en otros momentos llegan a niveles francamente elevados de emoción y originalidad. El lector o lectora pueden repasar las direcciones que ofrecimos al hablar de shockwave, pero también le recomendamos buena parte de las obras contenidas en el directorio de artistas del colectivo español connect-arte y, especialmente, la obra anónima superbad.

Hacker-art

La misma idea de navegación sin rumbo fijo es usada por otros artistas, pero que añaden además cierto contenido social a su obra. Desde estas páginas web, se intenta reflexionar sobre los usos y abusos de la tecnología. Sin embargo, no se trata de la denuncia al uso, o de un texto reflexivo sobre las relaciones hombre-máquina, sino de un juego básicamente irónico que al final de tu navegación te deja siempre un sabor de incertidumbre y consigue plantear una semilla de duda en tu inconsciente.

Sin duda, los autores más representativos en esta línea son el belga Dirk Paesmans y la holandesa Joan Heemskerk, más conocidos por el sobrenombre de JODI. En este complejo website, se juega con el neo-primitivismo tecnológico: monitores de fósforo verde, pantallas de juegos de ordenador de los primeros ochenta distorsionadas o viejas consignas hackers. Al mismo tiempo, Jodi juega con clásicos "peligros" de Internet: el virus goodtimes o la misteriosa jerga de los hackers.

Mucho más agresivo es el artista conceptual Heath Bunting, que desde irational lanza extrañas campañas que siempre consiguen inquietarnos y divertirnos a la vez. Heath Bunting ha hecho "terrorismo cultural" desde Internet a supermercados ingleses, creado sites falsos en los que supuestamente se podía espiar a la policía, o hasta ha creado listas de correo dedicadas a net-art que resultaban ser un timo.

También podemos mencionar a Etoy que combinan el mercantilismo, que aunque no sea muy sincero no por ello es menos chocante en un artista, la imagen ciberpunk y la crítica irónica de las nuevas tecnologías. Su proyecto más conocido es sin duda el del "Secuestro digital": el ingenuo navegante hacía una búsqueda en Yahoo, Altavista, etc. con descripciones como "las mejores fotos porno", "las mejores fotos de madonna", "Los mejores programas shareware" y aterrizaba en el website de etoy, lleno de diseños originales. La parte más interesante del experimento es que el usuario no podía salir de la página, ni los botones de navegación funcionaban, ni el "open location" nos conducía a ningún otro sitio. Etoy había tomado posesión de nuestro browser y sólo podíamos navegar dónde ellos querían.

La sorpresa, la ironía, como forma no discursiva de crear la reflexión es una constante de esta forma de arte hackeril. Un ejemplo claro es XXX: a primera vista parece un simple website porno, de lo más casposo, que nos ofrece algunas imágenes gratis con la esperanza de que dejemos dinero al no poder resistir la tentación. Sin embargo, según vamos navegando, veremos un misterioso link anunciándonos un "text-only version". Si lo activamos, llegaremos a una versión de la misma página, pero en esta, *todos* los gráficos han sido reconvertidos a ascii-art. El resultado es francamente curioso y también sugerente.

Finalmente, nos gustaría mencionar también al grupo gomi corporation , que en su proyecto o cangaço do santo phile, crean una fascinante mezcla entre ciberpunk, crítica de la tecnología, magia, vudú y sectas, en la que se combina de forma indisociable realidad y ficción.

Cuerpos en la Red

La identidad es un tema clave en Internet. En los inicios de este medio, un inocente chiste tuvo una influencia enorme: Una viñeta mostraba dos perros delante de una terminal. Uno de ellos, mientras teclea con sus pezuñas, le comenta al otro: "En internet, nadie sabe que eres un perro". La paradoja empezó primero de forma práctica, con hombres que fingían ser mujeres, mujeres que fingían ser hombres, programas de ordenador que fingían ser humanos... Los artistas rápidamente sacaron provecho de este tema.

Una primera línea de ataque fue el ciberfeminismo: reinventar la presencia de la mujer en la Red mediante la creación de identidades virtuales. La artista más rompedora y significativa de este movimiento es Margarete Jahrman, más conocida por su sobrenombre de superfem, de la que destacaríamos su provecto de los superfem avatars , que es un mundo en VRML. Para ver otras formas de net-art de Superfem se puede ir al directorio raíz. Una interesante revisión de su trabajo en castellano puede visitarse en Global Drome.

Otro autor interesante es Mike Stubbs, que siempre ha tenido el problema de la suplantación de la identidad como uno de sus principios guías. Puede verse una version castellana de su obra Faking It (Fingiéndolo) en Global Drome, junto al artista finlandés Tapio Mäkela.

De todas formas, el artista de las suplantaciones es el ya mencionado Heath Bunting, especialista en el "prank-art" (arte bromista): Heath puede hacerse pasar por un consumidor de porno; el encargado de una exhibición virtual, un abogado superlegalista, una ingenua artista de net-art japonesa y casi cualquier otra cosa para confundir, enfadar, divertir y a fin de cuentas, hacer pensar a los navegantes que confiadamente paseamos por el ciberespacio.

En su website se pueden consultar sus "mejores momentos". Advertencia: es una página en continuo cambio y nada es lo que parece ser.

Fuera de estas líneas, existen autores difícilmente clasificables en ninguna de éstas. El mismo Stellarc estaría en una tierra de nadie entre el sensorio, la identidad personal y el hack-art.

Otros autores, como Jodi, entran sólo parcialmente en la línea de revisión irónica de la cibercultura, pues buena parte de su tra bajo puede contemplarse como simple placer estético, en el sentido del arte del reciclaje de los setenta, y casi lo mismo podríamos decir de cualquier autor realmente significativo.

El net-art está en sus inicios y sólo estamos contemplando las primeras tentativas. Sin duda su potencial está por expandir y nos esperan aún muchas sorpresas, según la tecnología y la creatividad se influyan mutuamente.

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